Alejandra Munguía Cambrán
- El primer acto de corrupción de un funcionario es aceptar un cargo para el que no está preparado y Montoya Márquez no lo está.
- Ricardo Monreal recomienda a los jóvenes ser humildes, ¡ya en serio!, ni la burla perdona.
• EL “TRIUNFO” DE ISAAC MONTOYA MÁRQUEZ, como presidente municipal de Naucalpan es la prueba fehaciente de cálculos que privilegian el beneficio político de quien lo designó o el afán de proteger determinados intereses tanto particulares como grupales, interesando sorbete el bienestar público o ¿me equivoco, gobernadora Delfina Gómez?, porque la neta está en pañales, con razón lo apodan el bebote, seguramente por babotas. En los primeros 100 días ha demostrado con creces la ausencia de méritos y quedó al descubierto su inexperiencia, pues carece del más mínimo conocimiento de cómo llevar las riendas de un municipio tan complejo con Naucalpan. Y claro, es un cuate que desconoce lo más indispensable para ocupar un puesto público, porque ser porro o diputado plurinominal es insuficiente para hacerse cargo de la administración pública. Podrá tener vocación de servicio, integridad y honestidad, aunque lo dudo. Lo que si tiene con creces es el 90 por ciento de lealtad a su líder y el 10 por ciento de capacidad, uno de los requisitos solicitados por el fundador de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Cien días bastaron para que los naucalpenses nos diéramos cuenta de su falta de aptitudes para desempeñar el cargo de presidente municipal, porque no basta, es más no sirve, disfrazarse de policía para tratar de justificar la falta de experiencia o hacer creer que está trabajando. Lo cierto es que una gran mayoría la veíamos venir, pero ganaron las dádivas que quedaron por encima del bienestar común. Con Montoya Márquez, se comprueba que su ineptitud y la de quienes lo rodean, no es inofensiva, porque ha dado lugar no sólo a conductas negligentes, sino también a errores garrafales dignas de cualquier novato, así como omisiones. Es cierto, los ciudadanos somos cómplices de esta situación al no saber elegir a funcionarios honrados y capaces para no afectar el bienestar de todos, que al final del camino son hechos de corrupción por omisión. La mayoría de los naucalpenses eligieron mal y ahora todos tenemos que pagar por su ceguera y aguantar vara, porque los funcionarios inservibles constituyen un problema grave que afecta, por su impacto, a toda la comunidad. No debemos ni podemos olvidar que el primer acto de corrupción de un funcionario es aceptar un cargo para el que no está preparado y Montoya Márquez no lo está. Para terminar, ¿qué va a informar en sus primeros 100 días de gobierno? ¿El baño de sangre que ha caracterizado su gestión en los últimos tres meses?; porque no veo más.
• ¿CÓMO QUIÉN? Ricardo Monreal, diputado de Morena, con la gran sabiduría que posee, recomendó a jóvenes ser “humildes” si aspiran entrar a la política y al servicio público, pero ¿cómo quién? ¿cómo él, como su hija, como Adán Augusto, como Fernández Noroña o como el mismo López?, solo por citar algunos. Hay que predicar con el ejemplo, porque dentro de todos ellos, no hay nadie con esas características. Para rematar su gran estupidez, dijo que no se puede ser ni arrogante ni soberbio, ¡ya en serio!; el burro hablando de orejas.
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